Blanqueo de capitales y el mercado inmobiliario

Blanqueo de capitales y el mercado inmobiliario

La presión tributaria en Argentina es quizás de las más altas del mundo y de seguro de las más injustas por los resultados que ha arrojado a casi 70 años del inicio del  subdesarrollo, con niveles de pobreza y deterioro de los servicios del Estado inimaginados en para una Nación con tanta potencialidad en recursos humanos y naturales.

El mercado inmobiliario es uno de los sectores que históricamente ha sido afectado por el Estado, en gran medida porque ha sido vehículo de la clase media para materializar sus ahorros en dólares compitiendo con aquel por la divisa extranjera. Un ejemplo claro fue  el cepo al dólar que le dio un golpe de gracia a toda posibilidad de venta de propiedades que sumado a las feroces devaluaciones, alejaron a compradores de vendedores, todo ello en el marco del faltantes de dólares y con la sola finalidad de acaparar por parte del Estado la divisa internacional y el ahorro de los privados.

En ésta nueva etapa de cambio de gobierno parece que la mirada hacia el mercado inmobiliario no se ha modificado sino por el contrario,  la han agravado aún más.  El blanqueo de capitales es una medida que se dá en un contexto económico y social desfavorable donde una vez más la clase media es atacada con una alta presión impositiva, ya que los montos son del 5 % sobre el valor de mercado.

Consecuencias sobre el mercado inmobiliario

En el contexto anteriormente explicado pueden darse situaciones muy injustas e inaplicables, ya que el blanqueo de capitales es lisa y llanamente una atroz confiscación del ahorro nacional para sostener al Estado que nunca hace su tarea de mediador entre los agentes económicos sino que vulnera los derechos de unos para repartir la renta a otros de manera oscura y con alto índices de corrupción.

Blanqueo de capitales y el mercado inmobiliario

El Mercado Inmobiliario en 2016 y las consecuencias del blanqueo de capitales

Veamos un ejemplo concreto: Si un trabajador de ingresos medios tuvo la suerte de ahorrar en la Argentina durante una o dos décadas, pero dado las sucesivas crisis, no pudo tener un trabajo estable o en blanco y que sumado a las repetitivas confiscaciones del  sector financiero no le quedó otra alternativa que comprar un inmueble sin registrar como su única forma de ahorrar, hoy se verá en la obligación de pagar para un inmueble tasado en u$s 100.000 la friolera suma de u$s 5.000 es decir al día en que se redacta éste artículo unos $ 75.000! Desembolsables de una vez para estar sujeto a todos los demás impuestos que a esta altura son ya de carácter confiscatorios.

Otro caso es el trabajador de clase media baja que toda su vida ha estado en negro y que ha comprado un terreno con una construcción precaria a bajo precio pero que con su esfuerzo lo puso en valor reciclándolo de a poco y que por la urbanización del barrio luego de una o dos décadas de adquirido se valorizó al día del blanqueo de capitales 2016 en la suma de u$s 200.000, en tal caso el Estado lo premia con un impuesto en el que debiera pagar $ 150.000 o sea u$s 10.000!

Los ejemplos dados no es en defensa de los más ricos como se tiende a simplificar en las justificaciones de éstas medias retrogradas y/o populistas, sino que serían casos de simples trabajadores de clase media que han ahorrado toda su vida y que por los desbarajustes de la economía que la clase política ha propiciado durante décadas, trataron de sobrevivir como pudieron y hacerse de un capital para legar a sus hijos. Podemos complejizar aún más los ejemplos ya que a mayor tiempo de tenencia de un inmueble urbano pude verse valorizado dos o tres veces el valor original por lo que el propietario puede no tener ese nivel de social  para pagar semejante carga tributaria quedando en la ridícula disyuntiva de tener que vender su inmueble para poder pagar el impuesto del blanqueo de capitales 2016.

Creemos que el mercado inmobiliario va a tener que hacer malabares contables y comerciales de todo tipo para no caer en la anomia y anarquía, yá los proyectos inmobiliarios para el 2017 se han paralizado tanto en las ventas y como en su desarrollo por éste tema que sumados a la recesión del presente año pronostican una caída aún más grave que el propio cepo al dólar.

Las autoridades nacionales nuevas no ven el conjunto de la economía y sesgan su mirada a lo meramente recaudatorio para supuestamente mejorar los ingresos de otros sectores que creen más atendibles, no reparando en la cuestión de fondo que es el hecho que los sectores más vulnerables y pobres son creados por el propio Estado que ahoga al sector productivo y generador de trabajo con sus cargas e impuestos.

A estas alturas uno se pregunta si todos los trabajadores, empresarios y familias que dependen del sector inmobiliario son menos importantes que el sector público que se intenta financiar con el blanqueo?

Porqué el Estado saca una ley de blanqueo de capitales justo en el peor momento de déficit fiscal y despilfarro de las cuentas públicas?

Las inmobiliarias en zona norte tenemos una simple respuesta para toda esta cuestión, se castiga al sector que no tiene poder político de lobby o presión, que en general es la clase media,  comerciantes o productores cuentapropistas o trabajadores autónomos medianos y chicos, es decir aquellos actores del mercado que no pueden hacer valer su peso y que es más grande que cualquier sindicato o el propio sector público.  Este sector es el que ahorra, el que mueve la economía y que dá vida a los demás sectores, el estado sabe esto y por ello se guarda un lugar privilegiado en la confiscación del fruto del trabajo privado que sobrepasará para el año 2016 el 40% de presión tributaria.

Por último el blanqueo de capitales 2016 es una medida tomada en un contexto de crisis económica feroz que afecta sobremanera el mercado inmobiliario y lo afecta tanto en las futuras inversiones como en los proyectos ya en marcha, por otra parte dá señales fuertes tanto a los inversores externos como internos que en cualquier momento el Estado puede cambiar las reglas de juego y aumentar la carga tributaria o diezmar una determinada actividad para salvar las cuentas públicas.

El estado debiera de una vez por todas tomar medidas adultas en ésta materia, es decir poner reglas impositivas claras y pagables por todos y que no superen el 30% de la presión tributaria. Asimismo en el marco de ese contexto claro y duradero debiera llevar a cabo un control eficiente que castigue realmente a los evasores y hacer lo que los países serios hacen, dar premios y castigos en un marco legal y económico estable, duradero y claro.  Sólo así los ciudadanos volverán a confiar en el país.